 |
| Hagamos de la familia una verdadera comunidad |
Muchos ladrillos o piedras pueden ser simplemente un montón de ladrillos o piedras; pero si los ordenamos debidamente y los unimos unos con otros, según un plan o proyecto, podemos entonces levantar paredes y hacer con ellos una casa.
También nosotros los hombres podemos vivir sólo como si fuéramos un conjunto de personas, sin que nos preocupemos unos de los otros, sin que nos ayudemos ni nos amemos. Seremos entonces semejantes a un montón de ladrillos. Pero si vivimos unidos y nos preocupamos por el bien de los demás, formaremos lo que llamamos una Comunidad. Varias personas forman una comunidad cuando viven unidas, y por lo tanto tienen esas cosas en común.
La voluntad de Dios es que los hombres vivamos no solamente juntos, como el montón de ladrillos, sino unidos; formando comunidades, donde todos nos veamos como hermanos, hijos del mismo Padre: Dios; interesándonos por los demás; ayudándonos unos a otros. Por eso, si queremos cumplir la voluntad de Dios, es necesario y urgente que comencemos por hacer de nuestra familias una verdadera comunidad, donde todos los que estamos bajo un mismo techo y tenemos la misma sangre y llevemos el mismo apellido, vivamos unidos, amándonos unos a los otros.
Cuando sólo tenemos los ladrillos amontonados no nos sirve de nada sino más bien de estorbo; así también, mientras las familias no logren ser verdaderas comunidades de amor no están realizando la tarea que Dios les ha encomendado.
Que ideas que exponemos ayuden a los padres de familia a hacer de su hogar una comunidad, eso precisamente: una comunidad de amor que sea así cada día más conforme con la voluntad salvadora de Dios.
Dios quiso que todos los que han de salvar formen un solo Pueblo: el Pueblo de Dios, la familia de Dios; Él es el Padre, pero todos los demás somos sus hijos. Pero ha querido que el hombre se reúna además en el ámbito de esa otra familia más reducida que es el propio hogar; fortalecer el hogar es fortalecer el plan salvador de Dios.
PONTIFICIA ACADEMIA APRA LA VIDA
DECLARACIÓN FINAL DE LA XII ASAMBLEA GENERAL
Con ocasión de su XII asamblea general, la Academia pontificia para la vida ha celebrado un congreso internacional sobre el tema: "El embrión humano en la fase de la preimplantación. Aspectos científicos y consideraciones bioéticas". Al final de los trabajos, la Academia pontificia para la vida desea ofrecer a la comunidad eclesial y a la sociedad civil en su conjunto algunas consideraciones sobre lo que fue objeto de su reflexión.
1. A nadie escapa que gran parte del debate bioético contemporáneo, sobre todo durante los últimos años, se ha centrado en la realidad del embrión humano, ya sea considerado en sí mismo ya en relación a la actuación de los demás seres humanos con respecto a él. Eso se explica bien teniendo en cuenta que las múltiples implicaciones (científicas, filosóficas, éticas, religiosas, legislativas, económicas, ideológicas, etc.) vinculadas a estos ámbitos acaban inevitablemente por catalizar diferentes intereses, así como por atraer la atención de quienes buscan un obrar ético auténtico.
Por eso, resulta ineludible afrontar una cuestión fundamental: "¿Quién o qué es el embrión humano?", para poder derivar de una respuesta fundada y coherente a esa pregunta criterios de acción que respeten plenamente la verdad integral del embrión mismo.
Con ese fin, según una correcta metodología bioética, es necesario ante todo dirigir la mirada a los datos que pone a nuestra disposición la ciencia más actualizada, permitiéndonos conocer con gran detalle los diversos procesos a través de los cuales un nuevo ser humano inicia su existencia. Esos datos deberán ser sometidos luego a la interpretación antropológica, con el fin de poner de relieve sus significados y sus valores emergentes, a los cuales, por último, es preciso hacer referencia para derivar las normas morales del obrar concreto, de la praxis operativa.
2. Así pues, a la luz de los logros más recientes de la embriología se pueden establecer algunos puntos esenciales reconocidos universalmente:
a) El momento que marca el inicio de la existencia de un nuevo "ser humano" está constituido por la penetración del espermatozoide en el oocito. La fecundación impulsa toda una serie de acontecimientos articulados y transforma la célula huevo en "cigoto". En la especie humana entran dentro del oocito el núcleo del espermatozoide (incluido en la cabeza) y un centríolo (el cual desempeñará un papel decisivo en la formación del huso mitótico en el acto de la primera división celular); la membrana plasmática queda fuera. El núcleo masculino sufre profundas modificaciones bioquímicas y estructurales que dependen del citoplasma ovular y que van a predisponer la función que el genoma masculino comenzará inmediatamente a desarrollar. En efecto, se asiste a la descondensación de la cromatina (inducida por factores sintetizados en las últimas fases de la ovogénesis) que hace posible la transmisión de los genes paternos.
El oocito, después del ingreso del espermatozoide, completa su segunda división meyótica y expulsa el segundo glóbulo polar, reduciendo su genoma a un número haploide de cromosomas con el fin de reconstituir, juntamente con los cromosomas llevados desde el núcleo masculino, el cariotipo característico de la especie. Al mismo tiempo, lleva a cabo una "activación" desde el punto de vista metabólico con vistas a la primera mitosis.
Siempre es el ambiente citoplasmático del oocito el que lleva al centríolo del espermatozoide a duplicarse, constituyendo así el centrosoma del cigoto. Ese centrosoma se duplica con vistas a la constitución de los microtúbulos que compondrán el huso mitótico.
Los dos set cromosómicos encuentran el huso mitótico ya formado y se disponen en el ecuador en posición de metafase. Siguen las demás fases de la mitosis y al final el citoplasma se divide y el cigoto da vida a los primeros dos blastómeros.
La activación del genoma embrional es probablemente un proceso gradual. En el embrión unicelular humano ya son activos siete genes; otros se expresan en el paso de la fase de cigoto a la de dos células.
b) La biología, y más en particular la embriología, proporcionan la documentación de una dirección definida de desarrollo: eso significa que el proceso está "orientado" -en el tiempo- en la dirección de una progresiva diferenciación y adquisición de complejidad y no puede retroceder a fases ya recorridas.
c) Otro punto ya adquirido con las primerísimas fases del desarrollo es el de la "autonomía" del nuevo ser en el proceso de autoduplicación del material genético.
d) También están estrechamente relacionados con la propiedad de la "continuidad" las características de "gradualidad" (el paso, necesario en el tiempo, de una fase menos diferenciada a la más diferenciada) y de "coordinación" del desarrollo (existencia de mecanismos que regulan en un conjunto unitario el proceso de desarrollo). A estas propiedades -al inicio casi olvidadas en el debate bioético- cada vez se les da mayor importancia en los últimos tiempos, a causa de los logros positivos que la investigación ofrece sobre la dinámica del desarrollo embrional incluso en la fase de "mórula" que precede a la formación del blastocito. El conjunto de estas tendencias constituye la base para interpretar el cigoto ya como un "organismo" primordial (organismo monocelular) que expresa coherentemente sus potencialidades de desarrollo a través de una continua integración primero entre los diversos componentes internos y luego entre las células a las que da lugar progresivamente. La integración es tanto morfológica como bioquímica. Las investigaciones que se están llevando a cabo desde hace ya algunos años no hacen más que aportar nuevas "pruebas" de estas realidades.
3. Esos logros de la embriología moderna necesitan ser sometidos al análisis de la interpretación filosófico-antropológica para poder percibir los grandes valores que todo ser humano, aunque sea en la fase embrional, lleva consigo y expresa. Por consiguiente, se trata de afrontar la cuestión fundamental del status moral del embrión.
Es sabido que, entre las diversas propuestas hermenéuticas presentes en el debate bioético actual, se han indicado varios momentos del desarrollo embrional humano a los cuales unir la atribución al mismo de un status moral, a menudo aduciendo razones fundadas en criterios "extrínsecos" (es decir, partiendo de factores externos al embrión mismo). Pero ese modo de proceder no es idóneo para identificar realmente el status moral del embrión, dado que todo posible juicio acaba por basarse en elementos totalmente convencionales y arbitrarios.
Para poder formular un juicio más objetivo sobre la realidad del embrión humano y, por tanto, deducir indicaciones éticas, es preciso más bien tomar en cuenta criterios "intrínsecos" al embrión mismo, comenzando precisamente por los datos que el conocimiento científico pone a nuestra disposición. A partir de ellos se puede afirmar que el embrión humano en la fase de la preimplantación es: a) un ser de la especie humana; b) un ser individual; c) un ser que posee en sí la finalidad de desarrollarse en cuanto persona humana y a la vez la capacidad intrínseca de realizar ese desarrollo.
¿De todo ello se puede concluir que el embrión humano en la fase de la preimplantación ya es realmente una persona? Es obvio que, tratándose de una interpretación filosófica, la respuesta a esta pregunta no es de "fe definida" y permanece abierta, en cualquier caso, a ulteriores consideraciones.
Con todo, precisamente a partir de los datos biológicos de los que se dispone, consideramos que no existe ninguna razón significativa que lleve a negar que el embrión es persona ya en esta fase. Naturalmente, eso presupone una interpretación del concepto de persona de tipo substancial, es decir, referida a la misma naturaleza humana en cuanto tal, rica en potencialidades que se expresarán a lo largo de todo el desarrollo embrional y también después del nacimiento.
En apoyo de esta posición, conviene observar que la teoría de la animación inmediata, aplicada a todo ser humano que viene a la existencia, resulta plenamente coherente con su realidad biológica (así como en "substancial" continuidad con el pensamiento de la Tradición). "Porque tú mis riñones has formado, me has tejido en el vientre de mi madre; yo te doy gracias por tantas maravillas: prodigio soy, prodigios son tus obras. Mi alma conocías cabalmente", dice el Salmo (Sal 139, 13-14), refiriéndose a la intervención directa de Dios en la creación del alma de todo nuevo ser humano.
Además, desde el punto de vista moral, por encima de cualquier consideración sobre la personalidad del embrión humano, el simple hecho de estar en presencia de un ser humano (y sería suficiente incluso la duda de encontrarse en su presencia) exige en relación con él el pleno respeto de su integridad y dignidad: todo comportamiento que de algún modo pueda constituir una amenaza o una ofensa a sus derechos fundamentales, el primero de los cuales es el derecho a la vida, ha de considerarse gravemente inmoral.
Para concluir, deseamos hacer nuestras las palabras que el Santo Padre Benedicto XVI pronunció en su discurso a nuestro congreso: "El amor de Dios no hace diferencia entre el recién concebido, aún en el seno de su madre, y el niño o el joven o el hombre maduro o el anciano. No hace diferencia, porque en cada uno de ellos ve la huella de su imagen y semejanza (cf. Gn 1, 26). No hace diferencia, porque en todos ve reflejado el rostro de su Hijo unigénito, en quien "nos ha elegido antes de la creación del mundo (...), eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos (...), según el beneplácito de su voluntad" (Ef 1, 4-6)" (Discurso a los participantes en la asamblea general de la Academia pontificia para la vida y al Congreso internacional sobre "El embrión humano en la fase de la preimplantación", 27 de febrero de 2006: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 3 de marzo de 2006, p. 4).
Desde que es engendrado, el nuevo ser inicia su desarrollo hasta su plena formación:
Día 1: La vida comienza
|
|
El óvulo fecundado por el espermatozoide ha dado lugar a una vida nueva, con una identidad genética propia que combina los cromosomas de la madre y el padre. |
Semana 3: tomando forma
|
|
El núcleo de la nueva célula ha iniciado su veloz división rumbo a la fomración de los órganos. |
Semana 5: asoma un cuerpo
|
|
Aparecen los primeros signos de un cuerpo: la cabeza con sus ojos, el tronco y las extremidades inferiores (en forma de una "cola") y las superiores. |
Semana 61/2: alimentando el desarrollo
|
|
El bebé, gracias al desarrollo de la placenta de la madre, sigue con el desarrollo de su cerebro, su espina dorsal y su sistema circulatorio. |
Semana 8: corazón y extremidades
 |
Impresionante fotografía de un bebé de ocho semanas. Se puede apreciar el desarrollo de su cerebro, de su corazón (al centro del abdómen) y sus extremidades. |
Semana 8: detalle
|
|
Este detalle de un bebé de 8 semanas muestra hasta qué punto se encuentran desarrollados sus pies. |
Semana 11: "nadando" dentro de la madre
|
|
El organismo de la madre ha desarrollado una gran masa de líquido amniótico para asegurar la nutrición del bebé en crecimiento. |
Semana 11: por dentro
|
|
El bebé sigue con su crecimiento protegido por el vientre materno. |
Semana 16: un rostro
|
|
En esta etapa del crecimiento del bebé es posible ver el desarrollo del rostro con sus detalles: párpados, cejas, nariz, boca y orejas. |
Semana 18: todo listo
|
|
Todos los órganos y detalles del bebé están listos. En adelante, sólo le queda aumentar de talla y peso hasta abandonar el vientre materno y enfrentarse a una nueva vida en el mundo exterior. |
Fotos: cortesía de Vida Humana Internacional
Siete de los más respetados libros de texto de medicina, publicados entre 1978 y 1995, definen el comienzo del embarazo como la concepción, y a ésta como la fertilización del óvulo por el espermatozoide: Butterworth's Medical Dictionary, 2a Edición, 1978; Gould Medical Dictionary, 4a Edición, 1979; Stedman's Medical Dictionary, 26a Edición, 1995; Harrup's Dictionary of Medicine and Health, 1a Edición, 1988; Mellon's Illustrated Medical Dictionary, 3a Edición, 1993; Oxford Concise Medical Dictionary, 4a Edición, 1994 y Pearce's Medical and Nursing Dictionary and Encyclopedia, 15a Edición, 1983 (1).
El Dr. Ralf G. Rahwan, Profesor de Farmacología y Toxicología de la Ohio State University en los Estados, en una carta que le envió a la prestigiosa revista médica Lancet, y que ésta le publicó, también define la concepción como el momento en que el espermatozoide penetra y fertiliza el óvulo para formar un cigoto viable (2).
La mayoría de estas fuentes también le llaman al resultado de la concepción: embrión, feto o hijo. O sea, identifican al cigoto con un nuevo ser individual. Encontramos esta misma identificación en las definiciones de la concepción de otras autoridades importantes de la ciencia médica. Por ejemplo, el eminente investigador australiano y experto en el SIDA, el Profesor John Dwyer, ha descrito el momento en que el espermatozoide penetra el óvulo como la creación de un "único y nuevo individuo"(3). El Mosby's Medical, Nursing and Allied Health Dictionary define el embarazo de la siguiente manera: "En el preciso y único momento de la concepción, la mujer está embarazada con un nuevo ser individual"(4). El Profesor Drek Llewellyn-Jones, un muy conocido escritor sobre temas médicos, también ha definido la concepción y el comienzo del embarazo diciendo que cuando el material genético masculino del espermatozoide se une al material genético femenino del óvulo, "se forma un nuevo individuo"(5).
Es importante observar también que tanto el Profesor Rahwan, como los siete diccionarios médicos que mencionamos, coinciden en que el término abortivo es la descripción biológica exacta de cualquier fármaco o dispositivo que cause una acción después de la concepción (6). Por su parte, el diccionario médico Mosby's, que también citamos, afirma que cualquier acción causada por un fármaco o dispositivo usado después de la concepción no puede llamarse una acción anticonceptiva(7).
De manera que tenemos un gran número de eminentes personalidades y fuentes del campo de la medicina que afirman que el embarazo comienza en la concepción, que ésta consiste en la fertilización del óvulo por el espermatozoide, momento en el cual comienza a existir un nuevo ser humano individual, y que el aborto es una acción que impide la viabilidad de este nuevo ser en cualquier momento a patir de la fertilización o concepción hasta el momento del parto. Ninguna de ellas indentifica la concepción con la implantación, sino que afirma que este suceso tiene lugar varios días después de la fertilización.
Conclusión
¿Qué hacemos entonces ante la divergencia de posturas con respecto al comienzo del embarazo y al momento a partir del cual ocurre el aborto? Lo más honesto que se puede hacer es lo siguiente:
(a) Reconocer que las fuentes autorizadas que afirman que el embarazo comienza en la concepción -- momento a partir del cual cualquier acción que, interrumpiendo dicho embarazo, haga imposible la viabilidad del ser humano concebido, constituye un aborto -- son al menos tan numerosas y serias como las que afirman lo contrario.
(b) Las autoridades que han redefinido el comienzo del embarazo como la implantación, y que basadas en dicha redefinición niegan que el aborto ocurra antes de ésta, parecen estar motivadas más bien por la preocupación de no llamarle abortivos a los métodos de la "anticoncepción de emergencia" y a otros métodos anticonceptivos que en los datos médicos.
(c) Ante tal divergencia de opiniones con respecto a un asunto tan importante en el cual está en juego la vida de incontables seres humanos y ante la evidente necesidad de seguir lo mejor que la ciencia moderna nos ofrece, no queda otro recurso que pronunciarse en favor de la vida de dichos seres humanos. De otro modo se estaría corriendo el riesgo de condenar a la muerte a un enorme sector de la humanidad, cuyo único "delito" es no haber llegado todavía a implantarse en el útero de su madre.
Pero hay más todavía. Recientemente Vida Humana Internacional recibió de su filial en Colombia ("Cultura de la vida humana") ejemplares de dos de los libritos de la oficina de Profamilia (la filial de la IPPF en ese país). Uno de ellos se titula Cuadernillo estudiantil: Fecundación, maternidad y lactancia, en el cual se afirma lo siguiente: "El sexo de la criatura queda establecido en el instante de la fecundación" (p. 4) y "se llama gestación al desarrollo de la criatura dentro del vientre de la madre desde el momento de la fecundación hasta que nace" (p. 13). El otro librito se titula Cuadernillo estudiantil: Novedades anticonceptivas y métodos en investigación, en el cual se afirma lo siguiente respecto de los métodos post-coitales, o sea, los que se utilizan como "anticoncepción de emergencia": "Se denominan así aquellos métodos que se utilizan después de la relación sexual o para evitar que prosiga un embarazo no deseado" (p. 6). Luego pasa a describir estos métodos, que son las píldoras anticonceptivas, el dispositivo intrauterino y la RU 486.
Evidentemente, si el comienzo de la gestación o del embarazo ha sido definido en el momento de la fecundación, se deduce que Profamilia está admitiendo que estos métodos son abortivos, pues el aborto es la interrupción del embarazo que resulta en la muerte de la "criatura" (como esta misma organización le llama al ser humano no nacido en su propia publicación). Por otra parte, como vimos al principio del artículo, el Dr. Juan Carlos Vargas, director científico de Profamilia, afirma que "no se trata de un aborto pues según un extendido criterio médico el embarazo comienza sólo cuando el óvulo fecundado se implanta en el útero". En otras palabras, Profamilia se contradice al admitir que la "anticoncepción de emergencia" es abortiva.
En conclusión, el aborto provocado, la fecundación invitro, la "anticoncepción de emergencia" y otras formas de manipular o destruir la vida humana, tienen que ser absolutamente rechazadas. La ciencia, la ética y el sentido común nos indican que no tenemos otra alternativa.
Fuentes:
1. Todos citados en John Wilks, B.Pharm. M.P.S., A Consumer's Guide to the Pill and Other Drugs (North Melbourne, Australia: TGB Books, 1996), 16. 2. Profesor R. Rahwan, (carta) Lancet 346 (1995): 252. 3. Profesor J. Dwyer, The Courier (Alexandria, Australia), 1o de febrero de 1996. 4. Mosby's Medical, Nursing and Allied Health Dictionary, 3a Edición, 1990, a cargo de N. Darlene Como, p. 954. 5. D. Llewellyn-Jones, Everywomen, 2a Edición, (Londres: Faber and Faber), 1978, 8. 6. Rahwan, Contraceptives, Interceptives and Abortifacients (Columbus, Ohio, EE.UU.: Division of Pharmacology, College of Pharmacy, The Ohio State University, 1995), 7. Mosby's, 301.
Nota: Este texto proviene del artículo "La anticoncepción de emergencia: Nuevo engaño del movimiento antivida", escrito por Adolfo Castañeda. Puede encontrar el artículo completo en: http://www.vidahumana.org/vidafam/anticon/emergencia.html.
|