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Todavía hay gente que piensa que durante el primer año de los hijos el padre no tiene mucho que hacer: que sobra durante el embarazo, que no sirve de nada cuando son bebés y que sólo puede jugar un rato con su hijo cuando ya es más mayor. Sin embargo los dos primeros años son cruciales en la vida del ser humano, ya que se incorpora la mayor cantidad de información acerca de lo que sucede a su alrededor.
Comencemos por el principio: durante el embarazo
La presencia y colaboración del padre dentro del útero, a partir de la reproducción, debe tener su correlato fuera, donde debe proteger a la madre y garantizar que tenga todo lo necesario para que el embarazo transcurra de la mejor manera posible.
El papá debe saber que a medida que el nuevo ser evoluciona comienza a tener sus sentidos en condiciones de recibir señales del exterior, y que a partir de un momento concreto ya puede empezar a comunicarse con él. Los investigadores plantean que el aprendizaje del lenguaje lo podemos ubicar desde el séptimo mes de vida del feto, siempre y cuando haya alguien que le hable. Dominique Simonnet nos dice que las voces exteriores y especialmente la masculina y familiar de su padre, le llegan con total nitidez. En el séptimo mes las conexiones del cerebro se establecen a toda velocidad, ya está casi listo para nacer y su comunicación con el entorno es permanente y a través de diversos sentidos.
Resumiendo, el lugar del padre está:
Dentro del vientre, en cada célula.
En el exterior, cuidando que nada afecte negativamente a la madre.
De afuera hacia adentro, hablando al bebé, acariciándole, haciéndole escuchar música, a fin de establecer la comunicación y la relación que el bebé necesita para continuar su evolución al acelerado ritmo con que ha comenzado.
El padre en esta etapa puede elegir estar presente o no, todo depende de si desea formar parte de las matrices fundamentales de su hijo o prefiere ser sólo un familiar más cercano que otros, pero extraño a sus fibras más íntimas.
Cuando el bebé nace
Después del parto se produce un gran cambio en la situación, sobre todo para los padres que ahora ven a su hijo, lo pueden tocar, lo sienten llorar, lo alimentan y comienzan una comunicación más directa con él. El recién llegado, rápidamente se pone en contacto a través de todos sus sentidos. Ahora, tal vez es la mirada el órgano que prevalece: el bebé mira y mira a los ojos. Observa a la madre, al padre y cada cosa que hay a su alrededor, sobre todo si se mueve. También escucha, toca, siente frío, calor, dolor, suavidad, asperezas, agarra, chupa, sonríe. Todo eso en segundos, minutos, días.
El niño también come, y vaya si come. Son momentos muy especiales del día. No solamente por el alimento, sino sobre todo por el contacto. Cierto es que el padre no puede amamantar a su hijo, pero si puede hacer todo el resto de cosas que constituyen las actividades esenciales para el crecimiento del bebé. El padre puede incluso alimentar a su bebé con un biberón.
Pero no seamos rebuscados, la ocasión de relacionarse e interactuar con el bebé se da en todo momento, cuando éste se despierta, al cambiarlo, al bañarlo, al jugar con él en la cama: en pocas palabras, participando plenamente de su vida.
El padre no debe alejarse ni dejarse alejar de todo lo que es tan importante para su hijo en esos momentos. El ritmo de maduración, aprendizaje, adaptación, imitación e iniciación de los lenguajes (no sólo el verbal), jamás en la vida será tan intenso como en estos primeros meses de vida. Es importante no perderse estos momentos.
El bebé aprende de su entorno: si el entorno que le rodea es pobre en estímulos sus sentidos no tendrán con qué ejercitarse, ni mucha materia prima para enviar a sus nacientes estructuras afectivas, cognitivas, etc.

Los hombres no saben
Algunos padres dirán: "Pero yo no puedo, no sé tener al bebé, lavarlo, cambiarlo, tranquilizarlo". De hecho nadie sabe sin que algún bebé se lo haya enseñado. Además, ahora hay cursos para padres en los hospitales y en las maternidades, así como abundante material bibliográfico y de divulgación e incluso innumerables sitios en Internet donde explican detalladamente todo lo relativo a la crianza de los niños. Esto, sumado a la buena voluntad, al sentido común y a la experiencia concreta no deja margen para grandes errores. Por supuesto que unos lo harán con mayor habilidad que otros, en algunas actividades serán más aptos que en otras, pero sumando sus esfuerzos a los de la madre cubrirán la totalidad de las necesidades del chico.
El bebé necesita a ambos progenitores a su lado para lograr un óptimo desarrollo físico, afectivo e intelectual.
Querer significa conocer
No se puede querer si no se conoce. A un bebé no se lo conoce si no se le ha tenido en brazos, si no se le ha cambiado, bañado, si no se ha jugado con él a esos infinitos juegos que provocan risas, grititos y balbuceos.
Por eso el padre debe estar cerca de su bebé, ya que así nacerá entre ambos una relación que será indestructible. |